La verdad de la luz en las playas de Sorolla

Se dice de Sorolla que es un genio de la luz. Se dice que supo captar la fugacidad del reflejo de un rayo de sol al romper una ola. Se dice que su obsesión por los efectos luminosos llegó hasta tal punto que creyó fracasar: “Los pintores no pueden nunca reproducir la luz del sol como es en realidad…Yo solo consigo acercarme a su verdad”.

(Vídeo – 4:29 min)

Su gran logro fue también su principal crítica. Valle –Inclán llega a llamarlo, junto a otros pintores de la escuela naturalista, “bárbaros luminosos”. Crítica debida a una manera optimista de ver España (la luz vence a la sombra)  muy contraria a la óptica amarga de los escritores del 98.

Artista de desbordante fuerza creativa, revisó bajo una nueva luz la obra de Velázquez. De Manet heredó la técnica del “claro sobre el claro” , que le abrió las puertas hacia los colores luminosos como blancos, azules, rosas, violetas y rojos. A diferencia de los impresionistas, Sorolla nunca renegó del negro. La escuela naturalista donde suele enmarcarse al artista quería pintar escenas reales y del mundo cotidiano, donde el efecto de la presencia inmediata era lo más apreciado.

Otro rasgo que lo diferencia de los impresionistas es que Sorolla nunca olvidó el tema. Así, desde 1892 hasta 1900, desarrolla una etapa de una calidad indiscutible, en la que se deja orientar hacia el realismo social. Influído por su paisano, el escritor Blasco Ibáñez, desarrolla pinturas de contenido moral.

Pero su genio, su don, culmina (dentro de esta etapa realista) con Triste herencia. Ejecutado en 1899, representa el baño de un grupo de niños desvalidos, guiados por un hermano de la Orden de San Juan de Dios. En plena playa,  el sol brillando en su piel desnuda y mojada, proporciona una luz que casi relega a un segundo plano la temática social de la obra.

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"Triste herencia" (1899), Joaquín Sorolla // img10.imageshack.us

Pero en este lienzo, su pincel captó mucho más que la luz, captó la sensibilidad de los niños; una tristeza confundida con la alegría momentánea de gozar del mar. El observador no puede mantenerse ajeno a la pintura, está dentro de ella, tan unido, tan real… Es como si el griterío de los niños sobrepasara los límites de la creación artística para penetrar en nuestro oído. Los sientes, lo oyes, cobran forma, color e incluso personalidad. Despiertan tanta ternura, tantas buenas vibraciones a pesar de la dureza del cuadro, que uno no se cansa de mirarlo. Y en cada golpe de vista se descubren nuevas emociones.

Triste herencia dista mucho en cuanto a contenido de las obras posteriores de Sorolla. Cuando cesa su etapa de crítica social, cambia radicalmente su concepción de la pintura. El protagonismo lo adquiere ahora la luz. Es en este punto cuando empieza a ser criticado por sus contemporáneos, muchos de los cuales preferían la visión de otros pintores como Zuloaga. En sus nuevos óleos, el artista olvida la crítica a la realidad española. Muestra niños sanos jugando o nadando a orillas del mar bajo la mirada incesante de sus madres. De esta época son lienzos como Corriendo por la playa o Niños en el mar. Playa de Valencia, ambos de 1908.

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"Corriendo por la playa" (1908), Joaquín Sorolla // tumuseo.com

La captación de lo fugaz, lo momentáneo, se convierte en una obsesión en Corriendo por la playa. La postura de los tres niños y el estudio de sus cuerpos en movimiento revela la intención de su autor: plasmar velocidad, dinamismo, vibración…

Naturalidad y espontaneidad son dos claves para entender las obras de este maestro. De un estilo libre, dueño de un pincel prodigioso, supo conjugar de forma excepcional arte y realidad en un frágil lienzo.

Más información: Museo Sorolla; análisis de alguna de sus obras más emblemáticas; El Canto del cisne de la pintura, por Francisco Calvo Serraller; biografía de Joaquín Sorolla.

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One Response to La verdad de la luz en las playas de Sorolla

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